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Espiritualidad ignaciana en la vida cotidiana universitaria

Por: P. Juan Ramiro Martínez
Director del Centro de Pastoral Universitario de la UCA

Cuando hablamos de universidad pensamos en lo académico, en la investigación, en la administración y en la proyección social. Y, en efecto, allí está concentrado mucho de lo que implica ser y hacer educación superior. Sin embargo, en una universidad encomendada a la Compañía de Jesús, también es necesario reconocer que al interior de la misma hay otro aspecto de su vivencia cotidiana que le es consubstancial: la preocupación y cuidado que ha de dedicar al desarrollo humano integral de sus miembros: directivos, docentes, administrativos y estudiantes.

A propósito del trabajo de los jesuitas en colegios y universidades el P. Nicolás, Superior General de la Compañía de Jesús dice: “los jesuitas estamos en la educación porque nuestro trabajo es fundamentalmente buscar la transformación de la gente. San Ignacio creía y nosotros seguimos creyendo que si no se transforman las personas no hay esperanza de que la sociedad se transforme y por esto estamos en la educación. Todo lo que contribuya a la transformación, es bueno”.

Pero esto se puede quedar en pura teoría. La misión es cómo puede una persona que trabaja, estudia o presta algún servicio a nuestra universidad, vivir la espiritualidad ignaciana en la vida cotidiana. Un primer momento es conocer quién fue san Ignacio de Loyola, sobre todo descubrir cómo fue que él se encontró con Jesucristo y como ese encuentro lo transformó radicalmente a tal grado que abandonó toda su vida pasada y empezó a vivir de una nueva manera.

Es importante conocer el momento en que el Señor desbarató sus planes de grandezas caballerescas para introducirlo en el camino escarpado pero fascinante del seguimiento de Cristo.

En el caso de la universidad, por ejemplo, a través de la ruta de formación continua se ofrece la oportunidad de tomar el curso “Pedagogía Ignaciana”, que es una manera de acercarse a la espiritualidad ignaciana a través de la pedagogía. Para los estudiantes existe el Diplomado en Liderazgo Juvenil, promovido por la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales y el Centro de Pastoral Universitario.

Pero si me preguntan cómo cada uno desde su puesto laboral puede vivir la espiritualidad ignaciana en el trabajo, la familia, el descanso, en el salón de clases y mientras se limpian los pisos y se ordenan las sillas de las aulas, se puede lograr siendo contemplativos en la acción, mirando el mundo con los ojos de Dios, aprendiendo a conocernos profundamente a nosotros mismos, practicando los sacramentos, haciendo oración, siendo solidario con los pobres, promoviendo la justicia, respetando, dando lo mejor de nosotros mismo en lo que hacemos, siendo críticos de la realidad y capaces de perdonarnos cuando en nuestra vida entramos en conflicto con los demás.

Pero sobre todo, como decía San Alberto Hurtado, “mirar en grande, querer en grande, pensar en grande y realizar en grande”. Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestras vidas y por eso damos testimonio de su presencia en este mundo.

 

 



 


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