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Lo necesario en la equidad de género

17 de octubre del 2015

Para hablar de equidad de género no basta con tener buenas intenciones ni con sentirse solidario por defender los derechos de las mujeres. Actualmente, debido a que la lucha por la igualdad ha ganado espacio en algunos escenarios, incrementan los comentarios que, ingenuamente, aseguran sumarse a la causa que resguarda la integridad de la mujer. Como si se tratase de una nueva tendencia caritativa, la gente –sea del sexo que sea– creen ganarse el Cielo al compadecerse, por ejemplo, de la madre de familia que sufre en los noticieros televisivos o de la anciana desolada que aparece en los diarios.

Puede que esta compasión carezca de malos propósitos y que tales personas estén comenzando a reaccionar ante las injusticias que afectan a la mujer, sin embargo, en la lucha por la equidad de género no basta con dejarse llevar por lo que dicen las emociones ni mucho menos creer que se trata de un asunto de caridad.

Cuando se analiza la situación de las mujeres partiendo de los sentimientos, pecamos de ignorantes por calificar de cosa sencilla cuestiones como la división sexista del trabajo, la negación de derechos civiles y el feminicidio.

El debate sobre la equidad de género debe despojarse de los sentimentalismos o, al menos, tomar en cuenta argumentos más propios de la razón. Para analizar la distribución de ingresos entre hombres y mujeres, antes de conmovernos por lo que consideremos alguna injusticia, es mejor indagar qué dice la legislación sobre la excedencia por maternidad. Al hablar de violencia doméstica, en vez de inventarnos rumores sobre infidelidad y masoquismo, es más apropiado analizar los comportamientos que caracterizan a un agresor en potencia, a fin de prevenir estas incidencias dentro de la familia.

En tanto que el razonamiento sobresalga sobre las percepciones emotivas, la educación representa un pilar fundamental para hacer valer los derechos de las mujeres, situación que aplica tanto en hombres como mujeres.

Luego de que un hombre se instruye sobre la autonomía e identidad de género, por lo general deja de pedir respeto para las mujeres solo porque ellas desempeñan roles de maternidad. Cuando una mujer se informa sobre la retribución de deberes en el hogar, deja de considerar sobrenatural que su esposo le “ayude” en los quehaceres domésticos y cambia de vez en cuando los pañales de su hijo.

En síntesis, para defender y vivir la equidad de género, no basta con tener buenas intenciones ni un corazón blando. Es necesario leer, estudiar, analizar. Debemos aprender sobre leyes, políticas, movimientos, definiciones y proyectos relacionados con esta materia.

Siguiendo el ejemplo de la Universidad Centroamericana (UCA), a través de la implementación de clases de género en todas sus asignaturas de Pregrado y la apertura en cuatro ediciones de la Maestría en Perspectivas de Género y Desarrollo, nuestra academia nos recuerda lo que es necesario para conseguir la equidad entre hombres y mujeres.