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“En todo amar y servir”
I Jornada Ignaciana
Junieth Machado
Como un fiel vigilante de las buenas obras y del servicio social, San Ignacio de Loyola, S.J., es quien primero nos da la bienvenida al ingresar a la Universidad Centroamericana (UCA). El ilustre, alegre y soñador, fundador de la Compañía de Jesús es a quien se le recuerda en la Primera Jornada Ignaciana, organizada por el Centro de Pastoral Universitario (CPU) de esta Alma Máter.
“El objetivo principal de la Jornada Ignaciana es que como comunidad educativa abramos un espacio para participar en distinta actividades y así recordar el legado de San Ignacio de Loyola en la compañía de Jesús y por ende en las obras educativas”, manifestó el Padre Ignacio Lange S.J., Director del Centro de Pastoral de la UCA.
Esta Jornada es una celebración gloriosa a San Ignacio un hombre que era solidario, un hombre creyente, pero lo que más le describía era su pasión por la lectura. El fundador de la Compañía de Jesús, se caracterizó por practicar ejercicios espirituales que no sólo reconocen la inteligencia, sino también las emociones y sentimientos que nos pueden llevar al conocimiento de la acción del Espíritu en nuestras vidas. “Los ejercicios han sido un proceso de examinar la conciencia… Ignacio dice que la clave de la vida es el servicio, la reverencia, y la alabanza a Dios”, expresó el Padre Lange.
La Jornada estuvo conformada por una serie de actividades: Foro sobre “Carisma Ignaciano, una jornada deportiva ignaciana en conjunto con otras universidades, inauguración del Festival Gastronómico en conjunto con la Facultad de Ciencias, Económicas y Empresariales, una caminata ignaciana, una obra de teatro y finalmente una misa de clausura con la re- inauguración de la Capilla Universitaria “Nuestra Señora de Guadalupe”.
Monseñor Leopoldo Brenes tuvo a cargo la bendición de la parroquia y expresó: “San Ignacio es el santo de este tiempo, el santo de la misión sin temor y sin miedo, porque hay una seguridad de que no vamos solos, vamos animados por esa presencia maravillosa del espíritu”.
El sello de San Ignacio no sólo marcó la educación, la espiritualidad, sino que despertó el amor al servicio hacia los más necesitados, “el amor se ha de poner más en las obras que en las palabras”, expresa uno de sus pensamientos. “Como estudiantes de esta Universidad Jesuita, tenemos que retomar nuestros valores que nos identifican. Podemos hablar de excelencia académica en muchos aspectos, pero no valdría la pena, sino se encuentra el sello ignaciano, el sello del magis, que es el distintivo que podemos aportar a la sociedad”, manifiestó el Director de la Pastoral.
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