Un gajo de chilincocos

Queridos hermanos y hermanas, feliz Navidad.

En Navidad la Iglesia revive el asombro de la Virgen María, de San José y de los pastores de Belén, contemplando al Niño que ha nacido y que está acostado en el pesebre: Jesús, el Salvador.

Y como dice el Papa Francisco:“El poder de un Niño, Hijo de Dios y de María, no es el poder de este mundo, basado en la fuerza y en la riqueza, es el poder del amor. Es el poder que creó el cielo y la tierra, que da vida a cada criatura: a los minerales, a las plantas, a los animales; es la fuerza que atrae al hombre y a la mujer, y hace de ellos una sola carne, una sola existencia; es el poder que regenera la vida, que perdona las culpas, reconcilia a los enemigos, transforma el mal en bien. Es el poder de Dios. Este poder del amor ha llevado a Jesucristo a despojarse de su gloria y a hacerse hombre; y lo conducirá a dar la vida en la cruz y a resucitar de entre los muertos. Es el poder del servicio, que instaura en el mundo el reino de Dios, reino de justicia y de paz”.

Por esto, el nacimiento de Jesús está acompañado por el canto de los ángeles que anuncian: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama» (Lc 2,14).

En estas fiestas de Navidad y Año Nuevo, este anuncio recorre toda la tierra y quiere llegar a todos los pueblos, especialmente los golpeados por la guerra y por conflictos violentos, y que sienten fuertemente el deseo de la paz.

Paz —no de palabra, sino eficaz y concreta— a nuestros hermanos y hermanas que están abandonados y excluidos, a los que sufren hambre y los que son víctimas de violencia. Paz a los prófugos, a los emigrantes y refugiados, a los que hoy son objeto de la trata de personas. Paz a los pueblos que sufren por las ambiciones económicas de unos pocos y la avaricia voraz del dios dinero que lleva a la esclavitud. Paz a los que están marcados por el malestar social y económico, y a los que sufren las consecuencias de los terremotos u otras catástrofes naturales.

Y paz a los niños y niñas, en este día especial en el que Dios se hace niño, sobre todo a los privados de la alegría de la infancia a causa del hambre, de las guerras y del egoísmo de los adultos.

Paz sobre la tierra a todos los hombres de buena voluntad, que cada día trabajan, con discreción y paciencia, en la familia y en la sociedad para construir un mundo más humano y más justo, sostenidos por la convicción de que sólo con la paz es posible un futuro más próspero para todos.

Que todos y todas ofrezcamos al Señor Jesús presente en los rostros de los niños y niñas de nuestras familias esto que dice el cantautor Carlos Mejía Godoy:

Un gajo de Chilincocos
te traigo Niño con mi cantar
para adornar tu chinchorro
en estos días de Navidad
Un gajo de Chilincocos
que en el camino vi reventar
Chilincocos de mi tierra
te traigo Niño esta Navidad

Que el año 2018 sea de muchas bendiciones para todos los que estaremos enseñando, aprendiendo, estudiando, pensando, y produciendo nuevas ideas en esta querida casa de estudios que llamamos UCA y por eso decimos que hemos sido, seremos y “SOMOS UCA”.

Palabras del P. Juan Ramiro Martínez S.J
Director
Centro de Pastoral Universitario
UNIVERSIDAD CENTROAMERICANA