El paisaje de la migración en nuestra región

La perspectiva de Marcela Ibarra, experta en migración de la IBERO, Puebla -México

Docente e investigadora, Marcela Ibarra se ha pronunciado en el tema de las migraciones con una voz de académica y muy comprometida con la causa. Desde su experiencia, como estudiosa en el tema, el panorama migratorio de América Latina no se vislumbra mejor que ahora. En este contexto, suma una cuota de responsabilidad a las universidades jesuitas. Ibarra visitó la UCA en ocasión del IX Encuentro de Investigación de Posgrado en el que fue la panelista central.

¿Cómo realmente las migraciones aportan a un cambio en el paisaje?

Las migraciones sobre todo por los contextos en los que se dan, significan para los migrantes una ruptura siempre más o menos dolorosa con su lugar de origen, su familia y lo conocido con lo inmediato. Ver de esta manera al migrante nos sitúa a ver distinto el proceso que están pasando y entender que esos otros que son distintos y que llegan o transitan por otro país traen una historia detrás con muchas cosas que aportar y que sin lugar a dudas aportan a su entorno más próximo.

¿Cómo transforman positivamente?

Primero porque llevan una cultura muy rica y que llega a otros países donde aportan sus valores, tradiciones y el trabajo. Los migrantes llegan con muchas ganas de trabajar y se ve en Estados Unidos donde la base de su economía es de México para abajo. De alguna manera este esquema les permite controlar la inflación porque estos migrantes reciben mucho menos que el salario mínimo, muchos acceden a créditos para comprar propiedades con ello también hace que circule la economía. Este modelo hace que circule el dinero a Estados Unidos, lo que regresa a sus países como remesas es una parte. Los migrantes mueven la economía no sólo de sus lugares de origen sino de los lugares donde llegan.

¿Se trata de aportes culturales?

Hay que entender a los migrantes en este contexto, primero en esta ruptura que tienen y en el proceso de dejar atrás lo que conocen, cierta historia o parte de su historia y luego entender que la migración es un proceso que no solamente trae esta ruptura, sino también que trae innovación, enriquecimiento y en ese sentido entender que son necesario regímenes de migración con apertura de fronteras de hospitalidad y solidaridad de recepción de los migrantes.

En este sentido ¿es una cuestión cultural o política?

Es una cuestión política y de Estado porque curiosamente hay todo un sentido de hospitalidad popular en los pueblos y comunidades que surge probablemente de esta matriz religiosa católica que tenemos donde el otro recibe la acogida siendo un extranjero y hay toda una hospitalidad popular en las comunidades de base, las pastorales de las iglesias, etc. Yo diría que toda la filosofía que hay del Estado Nación lo que hace es excluir al otro. El que no está dentro del Estado Nación, el que no es ciudadano, entonces queda fuera.

La migración está presente en las historias de América Latina ¿Esto nos vuelve más parecidos o marca más nuestras diferencias?

Tratar de mirar el contexto histórico de nuestros países y la migración como algo común nos debería de acercar. Todo el continente americano está presenciando flujos migratorios y aunque por cuestiones económicas, principalmente, también es por cuestiones de violencia. Ambas condiciones tienen que ver con el modelo económico que prevalece a nivel global. El capitalismo neoliberal que genera exclusión y que expulsa a sus poblaciones es algo común que tenemos en el mundo y muy particularmente en nuestro continente. Hay una injerencia clara del modelo capitalista a través de las políticas intervencionistas de Estados Unidos que han ido generando quiebres dentro de nuestros países. Que han generado procesos de violencia que justamente son los que están expulsando ahora a la gran mayoría de la población de Centroamérica hacia Estados Unidos pasando por México.

Su explicación responsabiliza en gran medida al Estado.

El Estado debe ser el principal promotor de evitar la migración o de mejorar sus condiciones o en otro panorama generar modelos de convivencia para las migraciones, para que tampoco haya estos modelos restrictivos y de criminalización de las migraciones y de cierre de fronteras.

¿Cree que la academia tiene una cuota de responsabilidad?

Creo que cada espacio educativo vive de manera distinta la realidad de la migración. Como universidad jesuita tenemos una gran responsabilidad por nuestra propia mística jesuita, el estar al lado de los más desfavorecidos. Desde cada disciplina de forma creativa se debe desarrollar el diálogo para entender y escuchar qué es lo que está sucediendo y ver cómo podemos actuar.

Para nuestras universidades jesuitas el desafío parece aún mayor.

Por supuesto, porque el desafío también está en formar a los estudiantes sensibles a estos temas.

La migración es un fenómeno que va cambiando, no siempre ha tenido la misma dinámica. ¿Cómo la ve al menos en una década más?

Depende de las condiciones que van cambiando en el contexto de los países de origen. Las situaciones de violencia son cada vez más evidentes y también están generando nuevas oleadas de migrantes. La crisis de ver a tantos niños, solos, cruzando la frontera. Por supuesto los propios conflictos que cada país tiene. Sumado a ello el calentamiento global y todos los problemas ambientales que trae consigo están empezando a generar nuevos flujos de migraciones. En una década yo veo el panorama mucho más grave.

¿Particularmente México, su país, está preparado para este paisaje que lo amenaza?

Para nada. México no está listo en ningún tema migratorio. No hay ningún programa integral para recibir a los deportados. Por supuesto que sí hay políticas escritas, pero no hay una política migratoria que realmente apoye estos procesos.