De la niñez también se aprende

Cada lunes por la tarde Argentina Espinoza, estudiante de Ingeniería Civil de la Universidad Centroamericana (UCA), debía ingeniárselas para ganarse la confianza de Mayerling, la niña más callada de la sala de nefrología, donde se encuentran los casos más graves en el Hospital Infantil “La Mascota”.

Al acercarse más a Mayerling, la integrante de uno de los 11 proyectos que promueve el Voluntariado Social de la UCA, descubrió que su aislamiento se debía a la gravedad de su enfermedad que afectaba principalmente sus riñones. Desde ese momento, Argentina se esmeró en convertirse en su amiga, llevándole cuentos, compartiéndole películas o muñecas de sus personajes favoritos.

En el Voluntariado Social de la UCA, los(as) jóvenes aprenden la importancia de servir a los demás, a valorar lo que tienen, a compartir, a ser más sensibles y creativos; Además, tienen la oportunidad de aprender de los niños(as) con quienes se relacionan en los proyectos.

Para Martha Violeta Trujillo, psicóloga del Centro de Desarrollo Psicosocial Ignacio Martín-Baró (UCA), es importante reconocer que no es el niño quien enseña, sino que son quienes están a su alrededor quienes aprenden, porque de todo y de todos(as), sin importar la edad, se aprende.

La experiencia con Mayerling le enseñó a Argentina que es importante tomarse el tiempo de conocer a las personas sin juzgarlas.

Esteffany Avilés, estudiante de Comunicación y voluntaria en el Proyecto Colibrí de la UCA, destaca que además de poner en práctica la pedagogía y la creatividad para brindar reforzamiento de clases, arte, inglés y ayudarles a cultivar valores a niños y niñas, también ha aprendido bastante de su comportamiento y de la forma en que ven la vida.

De igual manera, César Brenes, estudiante de Administración de Empresas y voluntario del Proyecto Generando Vida, considera que esta ha sido una gran experiencia. Compartir juegos, tareas, pinturas, pláticas con la niñez del comedor infantil con escasos recursos que lleva el mismo nombre del proyecto, le ha enseñado a valorar lo que tiene y a sentirse más agradecido.

Un día se me acercó un niño y me comentó que era la primera vez que iría al zoológico. Estaba súper emocionado y recordé la alegría con la que yo también iba a al zoológico cuando tenía su edad”, cuenta el voluntario, quien junto con sus demás compañeros organizaron una visita a dicho lugar como espacio de recreación para los infantes.

César manifiesta que es necesario para las personas adultas recordar que a veces, pequeñas cosas nos pueden traer gran felicidad y que siempre se puede disfrutar como lo hace un niño(a).