Maternidad y Paternidad: una elección en nuestro proyecto de vida

Por: María Augusta Rodrigues Ribeiro
Doctoranda en Estudios Interdisciplinares de Género

Para la mayoría de las personas, realizarse plenamente incluye tener hijos e hijas. Sin embargo, cuando meditamos sobre qué es exactamente lo que nos atrae tanto de esta idea, solemos quedarnos en blanco.

La cuestión es de mucha relevancia pues esta decisión genera un compromiso para toda la vida con ese nuevo ser: de nuestra labor como cuidadores principales dependerá en gran medida su tolerancia a la frustración, capacidad de acción social, empatía o su tendencia a desarrollar comportamientos agresivos.

Ello implica en muchas ocasiones anteponer las necesidades del otro sin pedir nada a cambio, nada más que su bienestar. Es una actividad desgastante, por lo que es preciso contar con espacios a nivel social e individual para “recargar las baterías”, al igual que en cualquier otra actividad intensa. Sin embargo, si hablamos de mujeres, solemos pensar que presas de un misterioso y poderoso influjo – el “instinto maternal”— la maternidad las hace completamente felices, siempre.

Esta idea es una ficción que mantenemos gracias a la inexistencia de espacios para dialogar abiertamente sobre la maternidad. Hablar de lo bueno y de lo malo. No para despertar compasión, no para culpar, sino para satisfacer la humana necesidad de expresar nuestros sentimientos.

De diversas formas, este silencio social nos afecta a todos, pues ese halo de misteriosa felicidad que muchas mujeres ansían y buscan en la maternidad lleva a abrazar fantasías que después no se sostienen.

Para poder elegir libremente la maternidad necesitamos conocer sus contradicciones. Sólo así podremos vivir una maternidad consciente, responsable y empoderante. Y para ello necesitamos liberarla de ese halo de perfección y abnegación con el que ha sido cubierta, porque la maternidad real dista mucho de la simpleza y del sabor dulzón de las fiestas babyshower.