Un centro que aporta a la misión de las Universidades Jesuitas

El pasado 16 de febrero, la Universidad Centroamericana (UCA) con el apoyo de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, inauguró el primer Centro de Innovación Abierta del país, un espacio con el que ambas instituciones pretenden aportar a la solución de problemas sentidos en la sociedad nicaragüense.

El Dr. Roberto Osorno, especialista en innovación abierta y consultor del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), ubicado en Guadalajara, México, ha colaborado en el proceso apertura del Centro.

Osorno tiene un Doctorado en Economía y Empresa por la Universidad Ramón Lull, Barcelona, España. Fue Coordinador del proyecto DEMOLA innovación abierta (2014 - 2016) para el lanzamiento del primer site de Innovación Abierta DEMOLA en América y desde su perspectiva, este tipo de espacios abonan al cumplimiento de la misión Jesuita de contribuir a la construcción de una mejor sociedad.

La UCA apuesta por un concepto de innovación abierta. ¿Qué diferencia a este modelo de la innovación tradicional?

La innovación es un proceso mediante el cual se satisfacen necesidades no atendidas, la diferencia es que en la innovación abierta se colabora entre personas e instituciones, intercambiando conocimiento, compartiendo recursos, para que conjuntamente se puedan encontrar soluciones. En innovación abierta todos participan, comparten y son beneficiarios de los resultados adicionales del proceso, porque estos proyectos tienen su mayor efecto en los intangibles. El retorno de la inversión que se hace no está necesariamente en los recursos económicos que se generan a partir de la innovación, y esa mística empata muy bien con la misión de este tipo de universidades.

Tomando en cuenta el contexto del país, ¿qué aportes puede brindar un centro de este tipo a la sociedad nicaragüense?

Para universidades como la UCA cuya misión tiene un interés claro en impactar de forma positiva a la sociedad, llevar a cabo este tipo de proyectos es fundamental, porque pone a disposición de aquellos que más lo necesitan la investigación e innovación. Es decir, las pequeñas y medianas empresas que no cuentan con grandes recursos para tener procesos de innovación. En el contexto de Nicaragua, como puede suceder en otros países de Latinoamérica, tenemos muchísimas necesidades por resolver, es entonces donde se puede incidir de forma positiva.

Desde su experiencia en el ITESO de Guadalajara, ¿qué puede esperar la comunidad universitaria de este Centro?

Mi experiencia con los estudiantes del ITESO me ha enseñado que sufren una transformación radical, se desenvuelven y cuando salen a la sociedad marcan la diferencia, ya sea como emprendedores, empleados de empresas, parte de organizaciones o líderes sociales. Se les inyecta la inquietud por hacer preguntas importantes, por resolver problemas, emprender, por no estar conforme con el estado de las cosas, que además es un rasgo de los estudiantes de las universidades jesuitas.

Los profesores e investigadores de la institución empiezan a crear redes en las que pueden aplicar lo que están haciendo, los estudiantes tienen la oportunidad de trabajar primero en un desafío de innovación con un enfoque multidisciplinario real.

La experiencia ha generado bastantes expectativas entre la comunidad universitaria y empresarios, ¿a qué apuestan este tipo de centros a largo plazo?

Se persigue transformar la mentalidad de los actores del ecosistema. Cuando metes a un grupo de estudiantes a lo largo de tres años y los pones en procesos de innovación abierta, sus mentalidades se transforman, se vuelven innovadores, cuestionadores, personas inquietas. A los empresarios que participan en este proceso también les sucede lo mismo. Estos proyectos tienen un efecto multiplicador muy importante, un docente transformado transformará a muchísimos estudiantes en cada sesión.