Cultura de hospitalidad: El retorno a la comunidad de origen

Por: P. José Alberto Idiáquez S.J, Rector de la Universidad Centroamericana (UCA)

La migración retornada ha sido un tema poco abordado. En el mundo académico tenemos el desafío de no convertir a la población que emigra en un estudio de variables económicos o de simples datos estadísticos. Y si echamos un vistazo a los estudios de los retornados, vemos que, el foco se centra en las remesas socio-económicas, pero no se visibiliza el retorno de las personas que son agentes de transformación en sus respectivos países.

Lo que aparece en los medios de comunicación es la persona deportada implicada en actividades delictivas o pandillas como en el caso de El Salvador, Guatemala y Honduras. Estos tristes datos no nos deben extrañar porque como dice Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía: ocurre un hecho inusitado cuando en un país desarrollado el 1% de la población tiene lo que el 99% necesita. Y América Latina es el continente donde las desigualdades sociales son las más grandes del mundo. Y algunos países de Centroamérica en particular aparecen en los primeros lugares a nivel de violencia mundial. Nadie, ni pueblos, ni gobiernos, ni mucho menos las universidades del norte o del sur, estaban preparadas para enfrentar estos retos tan complejos y contradictorios. Con la Conferencia Internacional Titulada: Cultura de Hospitalidad: El Retorno a la Comunidad de Origen, intentamos ir más allá de datos económicos o de análisis eruditos sobre la migración retornada. Nuestro objetivo es hablar desde el corazón del inmigrante deportado, desde sus experiencias, tratando de lograr esa empatía necesaria para comprender los sufrimientos por lo que pasa una persona que se ve obligada a abandonar sus raíces.

Para ello hemos invitado a algunas personas para que compartan sus testimonios reales recopilados durante el acompañamiento personal que realizan los compañeros de la Coalición Mexicana, El Servicio Jesuita de Migrantes de Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Estados Unidos, y la Organización Internacional para las Migraciones(OIM). Estas personas que compartirán sus testimonios son los verdaderos protagonistas de este encuentro.

El trabajo que realizan las personas que laboran en las instituciones que he mencionado han optado por acompañar a aquellos que sufren situaciones extremas: se ha ido a buscar gente a las calles, a los lugares en los que dormían por la noche; han compartido las marcas de la guerra y de la violencia en los supervivientes, la destrucción psicológica, también la física. En muchas ocasiones han experimentado la impotencia, los efectos de la droga en algunos, la indefensión, la soledad, la depresión, la ansiedad, la baja autoestima, los maltratos y las violaciones de niñas, adolescentes y mujeres, la vulnerabilidad de los hijos, la injusticia de las interminables esperas de documentación que nunca recibirán, la humillación de ser tratados como criminales en la prisión y luego recibir el fuerte golpe de la deportación. Horrores que pueden acabar por deshumanizar.

Toda cultura, diría Carlos Fuentes, evoluciona y sobrevive al convivir con otras, lo que supondría que aquellas culturas aisladas están condenadas a su desaparición. El migrante, antes que trabajador o sujeto de las políticas públicas y la protección internacional, genera factores socio-culturales sobre los cuales se estudia poco. Las poblaciones en su desplazamiento hacia otras tierras, llevan consigo sus tradiciones, su idioma e interpretaciones del mundo. El migrante se convierte en uno de los portadores más importantes de la cultura, contribuye a enriquecer la cultura en la cual se inserta, y es un sujeto significativo en el proceso de globalización. Cuando el migrante retorna a su comunidad de origen, sufre un choque de desadaptación, porque muchas cosas han cambiado en su persona. Y la comunidad se adapta a su nuevo modo de proceder. Hay experiencias negativas cuando el retornado regresa convertido en un drogadicto o criminal, pero también hay buenas experiencias cuando se unen a los líderes comunitarios y trabajan arduamente para la mejora de la comunidad. En lo que respecta a la decisión libre de retornar coincide con la decisión de migrar. Muchas personas deciden regresar a su país porque piensan que han recogido el suficiente dinero para comprar una casa y valoran el peligro que corren sus hijos(as) al estar bajo el cuidado de otros.

No es extraño que los primeros esfuerzos de atención a los migrantes en el mundo estén marcados por intereses discordantes de los países involucrados, los cuales ni siquiera han logrado un acuerdo para interpretar un mismo concepto de migración. Es necesario crear un mecanismo significativo de trabajo entre los países que expulsan, reciben o son territorios de tránsito para proteger los derechos de las poblaciones que emigran, así como la obligación de los Estados para apoyarlas.

Por lo mismo, la ausencia de normas concretas que impiden tener el poder suficiente para orientar acciones efectivas de políticas públicas se hace cada día más urgente. Dentro de la categoría genérica de redes de ayuda a la emigración, es preciso destacar las mafias que facilitan la salida, el viaje y la entrada, a cambio de condiciones económicas onerosas y de un gran desprecio por la dignidad humana. Y dentro de las redes mafiosas que se lucran con los procesos migratorios tenemos que distinguir las que se dedican al tráfico de personas para su explotación sexual, o para la realización de actividades delictivas. Cada uno de estos tres órdenes de clandestinidad merece una respuesta política distinta. Los estudios migratorios desde la perspectiva del derecho penal señalan sanciones diferenciadas para las mafias que se lucran con las migraciones clandestinas y para las mafias que trafican con personas para su explotación sexual o para obligarlas a realizar actividades delictivas.

Emigración y empleo: esos fueron los temas con los que Francisco inició su papado, los temas que preocupan a los pobres. Él sabe lo que implica dejar una tierra para ir a otra. “Esa fortaleza, así como el gran dolor que nace del desarraigo”, como declaró en una ocasión en referencia a su abuela Rosa. Francisco nació en un país de América forjado a partir de millones de desarraigos similares.

La nostalgia, la palabra derivada de la raíz griega “nostos” (regreso) y algia (dolor), es decir, el dolor por regresar al lugar de origen, corría por las venas de la abuela Rosa. “Cuando la perdemos, dijo en 2010, abandonamos a nuestros mayores: ocuparnos de la gente mayor significa honrar nuestro pasado, el lugar del que provenimos”. En la isla italiana de Lampedusa se había montado en un barco y había depositado una corona de flores sobre las olas del mar. 366 somalíes y eritreos murieron después de que se declarara un incendio en el que viajaban buscando un sueño para mejorar las vidas de sus familias.

Queremos que de estas aulas de la UCA salgan ciudadanos profesionales sensibles a las heridas del mundo. No se llega de cualquier modo a los límites de la condición humana sino por un intenso proceso de comunión que le es previo. Sin embargo, no es fácil implicarse en el mal del mundo, hará falta mucho discernimiento. La experiencia nos muestra que no basta con oírnos, es necesario escucharnos. Tenemos que tomar en serio el sufrimiento del otro. Así la persona que se siente querida y valorada, renace, a pesar de las malas pasadas que la vida le ha jugado. Se trata de una verdadera recuperación de la existencia. En esta donación, no sólo el acompañado renace, sino que el que acompaña crece, afina su testimonio, concreta sus ideas, constata sus sentimientos y se posiciona de manera consistente. Sin duda, una experiencia para aprender a vivir a fondo, en Dios y para Dios.

Agradecemos el apoyo de CAFOD (Official Catholic Aid Agency for England and Wales), de OIM (Organización Internacional para las Migraciones, de la Coalición Mexicana y la presencia del diputado Edwin Castro y Juan Ramón Jiménez. Estamos convencidos de que este complejo desafío sólo se puede abordar cuando todos los miembros de la sociedad participamos en un diálogo sincero y respetuoso.

 

 




 


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