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La presencia de los jesuitas en Nicaragua
comienza 113 años después que Cristóbal Colón recorriera el Atlántico
nicaragüense, y casi un siglo más tarde del inicio de la colonización de
la costa del Pacífico por parte de los españoles. En
1522 arribó a este país el primer sacerdote, el presbítero Diego de Agüero,
acompañando a Gil González de Ávila. Posteriormente, con Francisco
Hernández de Córdoba llegaron otros eclesiásticos, pero fue hasta en 1530
cuando aparecieron los primeros miembros de órdenes religiosas, sobre todo
dominicos y franciscanos. En 1532 se encontraba ya de regreso, después de
una primera y rápida visita, el padre Bartolomé de las Casas, cuando el
obispo don Diego Álvarez de Osorio, conociendo las virtudes del célebre
misionero, le pidió que fundara un monasterio de la orden de los dominicos.
De las Casas, con cuatro sacerdotes más, fundó el Convento de San Pablo,
en la ciudad de León, que fue el primer establecimiento de las órdenes
religiosas en nuestro país.
La
Compañía de Jesús, fundada en Roma por Ignacio de Loyola en septiembre de
1540, se inicia como una orden misionera y se extiende con rapidez a
remotos lugares. Ya para 1549, Francisco Javier, uno de los padres
fundadores visita Japón, después de pasar por la India y China. En ese
mismo año, 1549, llegan los primeros jesuitas al Nuevo Mundo,
específicamente a Brasil. La orden había sido organizada bajo los
principios de la obediencia evangélica, con plena disponibilidad para
buscar y hallar la voluntad de Dios. Esto facilitó su agilidad y empeño en
las diferentes actividades que emprendió. Más tarde, la Compañía comienza
a participar en labores de docencia, vocación que le acompañará en su
establecimiento en América.
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