¿Cómo es el impacto psicológico que puede recibir una madre al saber qué su hijo/a ha desaparecido?

Por: MSc. María Auxiliadora Álfaro

DiaNiñezEl impacto en la salud mental en las familias de los desaparecidos especialmente a la madre, el padre y hermanos, es uno de los dramas más complejos que requieren atención psicológica a tiempo. Tener un hijo o hija desaparecida puede ir ocasionando graves daños mentales porque genera una larga zozobra y sufrimiento al no saber qué ha pasado con la persona que nunca regresa a su hogar.

 

La desaparición de un ser querido es referida por los familiares en especial por las madres o tutores como un dolor incesante, una intensa angustia generada por el desconocimiento de su paradero, es así como se convierte en la tortura de las preguntas sin respuesta: ¿Dónde está?, ¿Qué le pasó?, ¿Por qué le pasó?, ¿Por qué a él, o a ella?, ¿Por qué a mí?, ¿Por qué no lo pude evitar?, ¿ Estará vivo o le habrá pasado algo?, ¿REGRESARÁ?

Estas son algunas de las preguntas que resuenan de manera cotidiana, las cuales intentan responder a través de instituciones, comunidades, líderes, organizaciones de familiares e incluso sus propios sueño y pesadillas. Todo ello para intentar descifrar las incógnitas que ha dejado la desaparición. Este camino que implica la búsqueda tiene impactos en la salud mental a diferentes niveles: Individual, familiar y comunitario.

Esta pérdida se vive como un duelo o muerte el cual se complica debido a que no tenemos un cuerpo con el cual se pueda facilitar el transitar al proceso de aceptación de la pérdida, no hay despedida ni real si simbólica que es el papel que usualmente juegan en las pérdidas todos los rituales que en cada cultura y religión se realizan al perder un ser querido.

Al no tener respuesta a estas preguntas se complica el proceso de duelo y se vuelve un DUELO PATÓLOGICO o complicado o congelado, porque el proceso de aceptación nunca se logra reestablecer para dejar ir al familiar como puede ocurrir en un duelo con rituales de despedida o desprendimiento gradual del familiar, por eso se generan alteraciones en todos los hábitos pero a un mayor y más largo plazo, que se vuelve indefinido e irreal, generando sensaciones de irrealidad absoluta y extrañeza en las experiencias vividas con esta persona.

Estos duelos también se pueden complejizar con síntomas de traumas complejos y estrés traumáticos crónicos al presentar distorsiones cognitivas, perceptuales, atencionales, en la memoria, pero fundamentalmente en las emociones y el estado de ánimo, algunas personas pueden llegar a tener consecuencias en la salud física al complejizarse su situación con trastornos conversivos o psicosomáticos que también con el tiempo pueden cronificarse.

A nivel individual, varias personas refieren luchar con la sensación de estar “al borde de la locura”. Una madre que no tiene noticias de su hijo de 19 años indica: “¿Será que me estoy volviendo loca, será que yo me imaginé todo, qué estuve en embarazo, qué tuve a mi hijo?”.

Pueden desarrollarse sensaciones de sentirse incompletos. Una de nuestras pacientes dijo: “La desaparición de mi hijo me dejó un vació enorme, fue como si me arrancarán un pedazo del alma”. Este doloroso sentimiento, suele ir acompañado por un estado de ánimo deprimido, ansiedad, cambios en el comportamiento y afectaciones psicosomáticas como dolores de cabeza y otros dolores corporales, problemas digestivos, cambios en el apetito y en el sueño, entre otros.

A nivel familiar, las relaciones cambian y con ellas los roles de sus miembros, sintiendo que las pérdidas dañan grandemente el funcionamiento familiar de forma integral, una madre de 60 años que sufrió la desaparición se cuestiona si se sigue teniendo familia: “¿Si ya no tengo hijo mayor, mi hijo del medio se fue, no tengo esposo, seguimos siendo familia?”. Por lo cual la asistencia también debe enfocarse a nivel de psicoterapia familiar para facilitar nuevas estrategias para que se continúen desarrollando los vínculos familiares y se desarrolle de nuevo el sentido de ser una familia de nuevo, aunque diferente. También, está la posibilidad de ser una nueva familia donde el vacío desencadenado por la desaparición se llene con recuerdos, con la memoria viva de su familia y sus aprendizajes.

Al igual que todos los duelos cada persona lo vive de forma diferente y lo manifiesta en su cuerpo y sus emociones de una manera muy particular. Lo cierto es que la representación de su dolor no es locura. Que es normal que su cuerpo y su mente reaccionen con malestar frente a la vivencia de un trauma tan fuerte como la desaparición. Cuando esto se siente de manera intensa, afectando su día a día, es necesario y posible buscar ayuda de tipo profesional.

Porque debemos de conducir un proceso de recuperación emocional y superación de la pérdida con estrategias de intervención dirigidas a la elaboración del duelo, rituales de despedida que faciliten la despedida y visualicen la vivencia como lo que es UN DUELO también es importante gradualmente la integración de la madre, de los hijos y otros familiares, en otras actividades que contribuyan a desarrollar otras relaciones y mantener las que tiene con su familia y amigos cercanos, para que no la invada la soledad absoluta que más bien complica aún más el proceso.

Finalmente, considero muy importante que dentro del desarrollo de otras relaciones se contemple el apoyo a nivel comunitario, porque con el dolor, la sensación de vacío, desánimo y tristeza profunda que estos procesos generan el riesgo de que ocurra la destrucción del tejido social, el sumirse en el aislamiento y la soledad, la desesperanza, la desconfianza en un mundo que no te apoya ni te registra, lo va estigmatizando más sumiéndose en círculos viciosos que desestabilizan aún más la salud mental, culpabilizándose o culpabilizando a la persona desaparecida, elevando los riesgos asociados incluso a conductas de suicidio. Pueden preguntarse: “Por algo le pasó”, “Qué andaría haciendo” “En qué estaría metido (a)”. Con los cual los amigos y familiares deberían apoyar y acompañar si estigmatizar luchando por rescatar la memoria de sus seres queridos y la honra de ellos mismos y su familia.

De tal manera que los familiares puedan sentirse acompañados, conocer sus derechos, compartir estrategias y experiencias de afrontamiento y construir acciones de memoria, que les permite decir reconocer las relaciones que una vez establecieron con la persona desaparecida.

A través de la atención que además de individual puede ser a través de grupos de autoayuda (conformados por personas que han vivido situaciones similares o de pérdidas) también se abordando a profundidad el impacto de la desaparición en sus vidas, su cotidianidad y sus relaciones, buscando aliviar el sufrimiento y encontrar la forma de afrontarlo el malestar emocional de una manera que no les haga daño a ellos, ni a quienes les rodea y avanzar en la construcción de nuevos significados que ayuden a aliviar el dolor. “Desde que estoy con ustedes –dice una paciente– he podido volver a dormir”. “Cuando mi hijo se desapareció –dice otro paciente– yo cambié, me volví muy agresivo, pero realmente me han servido las terapias, lo puede decir mi esposa, ya no reacciono así”. “Me veo y me sorprendo, ahora puedo escuchar a las demás personas”, continua otra persona. “El vacío -dicen- es el lugar que él tiene en mi corazón, ese lugar está lleno de recuerdos, historias, anécdotas”

Entonces las atenciones psicológicas y acompañamientos psicosociales pueden realizarse a nivel individual, familiar y grupal de acuerdo a la necesidad de las personas. También se deben realizar trabajos interdisciplinarios por necesitan de otro tipo de atención temporal o permanente bien sea atención psiquiátrica, médica general o con algún otro especialista.

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